A la que parió a mi padre, la que le dió un hijo al abuelo de mis hijos, la qu eme protegió hasta que me arranqué de su lado a los 5, la que me hizo escribir mi primera carta, con pecas en la cara y pelo castaño. La que nos cautivó por grupos, siguiendo cuales perros a su perra en leva, la que me hizo probar tabaco, la que me castigó por botar el humo mientras hablaba, enseñandome a decir las 11 palabras necesarias para graduarse en la escuela del vicio. La que me enseñó a morder el pecado de la carne, la que me volvió loco por estar ella loca. La que me amó por un verano, devolviéndole lo amado en sufridas cuotas mensuales, la que no debí mirar... la que no debí tocar. La que mantengo bajo siete llaves y dos más por si acaso. La que me transformó en verdugo de sus penas, la que maltraté inconcientemente, la que demandé por robarme un corazón de reserva, la de nombre francés y ojos caleidoscopicados, por la que canté, bailé y actué. La que inició la carrera midiendo quien besaba más gente para luego encontrarnos en la meta, la que encontró mi veta. La que derramó sangre por mi sangre, la que me apresó con sus silencios, la que convidé a mi casa, mi segundo gran secreto, la que aun me ronda estando ella rondada, la que me blufeó con su mirada, la que me vendió una poliza de seguros que no me aseguró nada, la que me hizo perder la razón sin poder hallarla aun, la que bebió fumó y esperó. la que todos desearon, la que amagó un beso, la que me hizo pensar en la locura de mañana. La que me enseñó a escribir, la que me perdonó la vida y la carrera... La que pintó con su acuarela de tristezas, el paisaje colorido que cada vez más...se aleja.
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