Los narcotraficantes más grandes del país han caído. Cali, Juarez y Medellín quedan como alpargata frente a nuestros mega narcos que concentran el 92% del mercado farmaceútico. Se apoderaron de las "esquinas" imitando la estrategia poblacional de los microtraficantes.
En muchas esquinas de nuestro Valparaíso cerro arriba se puede conseguir por "quina" o "luca" un pito de marihuana de dudosa procedencia, sin retención de receta ni descuentos. A esos nobles farmaceúticos jamás los veremos en lujosos autos ni apretándose el cuello con una corbata, a lo más... sacarán ganancias para "parar la olla" al día siguiente, o calzarán las últimas zapatillas que ocupe Pinilla.
Una Ética a toda prueba es la de estos vendedores de ilusiones: contacto directo con el consumidor, complicidad y compromiso con la calidad. Sin más publicidad que el boca a boca han sabido organizar su cartera de clientes que jamás traspasará el territorio de su más cercana competencia.
En cambio cerro abajo, el panorama es distinto.
Cada esquina es controlada por las luces y colores de estos megatraficantes en colusión no solo con sus socios/competidores, sino también con laboratorios y estos a su vez con buenas mozas vendedoras capaces de convencer a cualquier médico que recete su producto.
El reconocimiento de esta práctica recurrente en el "libre" mercado por FASA no es más que un eslabón de una gran cadena que sustenta firmemente a la salud como negocio rentable.
En el siglo XVIII Inglaterra introdujo el opio a China iniciando un rentable negocio que dejó gran parte de la población adicta a esta sustancia y rentables dividendos para el imperio inglés. La dinastía Quing quiso poner fin a este comercio declarándolo ilegal e impidiendo que los barcos ingleses descargaran esta droga, como resultado de esta medida el imperio inglés inició la primera Guerra del Opio, a la cual le siguió una segunda esta vez apoyada por Francia y Portugal. El ejército imperial chino, en su mayoría adictos al opio, no rindió en el campo de batalla debiendo ceder ante tal pre-Potencia.
Hoy, más de dos siglos después la ciudadanía pretende (de manera ilusa) hacer frente a estos megatraficantes, ¿cuál será el resultado?
De seguro habrá un movimiento de tropas verdes, de esas que se cotizan en la bolsa. Pagarán sus multas con el mismo dinero que han robado y todo seguirá igual. Este invierno volveremos a comprar Tapsin, Quitadol o cuanta marca nos han vendido como remedio. La Publicidad nos ha convencido que la sal de fruta de los chilenos se llama Disfruta, olvidando a la arcaica ENO.
Quizá la solución sea volver al origen y comprarle al pela´o de lentes y capa blanca, ese que se ubica tras un mesón de madera pintada y repintada de un blanco color consultorio. Volver a pesarnos en las balanzas de fierro con un gran marcador redondo, donde por 100 pesos podremos pesar cuantas personas queramos si es que la aguja no llega a cero. En fin, dejar nuestra adicción publicitaria y volver a sentir el frio olor de la botica de la esquina que se templa con la cálida sonrisa del calvo boticario.


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