Estimado Dióscoro,
Te escribo desde el puerto principal, acá donde los boleros hacen trinar las cuerdas de una guitarra gastada por las uñas y las escaleras expelen ese olor a "meado" que en tu vida habrás saboreado. Desde mi casa enclavada en un cerro y con un abuelo digno del título nobilario de Guachaca.
Con tu boina haraposa pretendes camuflarte y denominarte "guaripola" de una banda sin sustento ni instrumento... Porque el negocio que iniciaste no tiene ni un ápice de Guachaca. Eres el gerente general de esa cofradía que hoy se jacta de llenar el "huevo" cobrando la suculenta renta de tres lucas. El equivalente a seis cañas de borgoña en cualquier sucucho porteño...
"Ídolo, ídolo" te corearán esos imberbes bebedores, sacarán sus aparatosos celulares y te pedirán que poses a su lado para vanagloriarse de ser guachaquitas, esos niños y niñas que rinden culto a la visualidad, sacarán el helado del terremoto y botarán el pipeño para no quedar con los labios marcados. Bailarán cueca como mejor les plazca y no mirarán los ojos de la dama sino a la barra que aplaudirá con efervecencia el payaseo de tal o cual.
En una pantalla llena de neón y colores promocionan con bombos y platillos el arribo de los guachuecos al puerto. Pamplinas! si acá nacieron, tu marca no me apetece y me da lástima que la imagen de miles de nobles parroquianos de cantinas que aun sobreviven se vea mancillada por tus ojeras producto de contar billetes y no de cantar historias.
Eres el fiel reflejo de lo que NO son los guachacas. Eres el Piñera de una bohemia que no conoces, no tienes la estirpe ni el aire de choro... brindas con pipeño para el pipe del matinal, pero en tu bar adornan las botellas importadas. No me importa nada de lo que pregonas pero opongo resistencia literaria a tu ataque desenfrenado de mercado en contra de una cultura que no necesita ser gerenciada.
Tus relaciones públicas no son bienvenidas en el puerto. Según tu, un guachaca paga entrada...
Te auguro un total éxito en el evento, llenarás una vez más tus bolsillos, camuflarás coca cola y la harás pasar como vino tinto embriagando a esos tiernos pajarillos que saben solo de regetón y cerveza.
¿Te has sentado en el renato, el ex pajarito, el españita, el yoka, el liberty, los cotetos, las vigas, el doris... has recorrido el puerto en una noche de día lunes?
Lo dudo compañero, sino te hubieras dado cuenta que los verdaderos guachacas toman caña de quina, cuentan su vida, peinan su barba con los dedos... huelen a reposo y destilamiento. Son cariñoso, alegres y revolucionarios, NO republicanos.
Así que con todo mi afecto y reconocimiento te pido que te dejes de llamar poeta, y más aun...
te dejes de llamar guachaca.
Sino, prometo cortar tu cabeza con el hacha mañanera que corona mi frente.

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