El mundo se cae a pedazos y tú haciendo la fila para el huevo, un alma se destroza en la otra esquina y tú hablando de cocaína tratando de impresionar alguna mina que no hizo fila porque esta noche ellas no pagan entrada, solo deben venir bien escotadas y sonreír al guardia que dará la pasada… La ropa impecable y las zapatillas relucientes, afilados los dientes y una billetera abultada. Hablaremos de nada y todo será risa, acá no hay prisa la noche puede ser eterna. Con tal de que abra sus piernas soy capaz de golpear a quien sea, no importa que no me creas, mi abdominal cumplirá la noble labor de encandilar tus ojos revueltos por el alcohol. Soy un poeta del gimnasio, un galán del reguetón, me afeito a ras de piel y rocío mi perfume por el mismo camino que recorrerán tus labios una vez que hayamos cumplido con el diálogo de costumbre. No importa el nombre si eres bien hombre, no importa lo que haces, lo que piensas, lo que sueñas, ni si quiera donde naces, un par de zapatillas pagadas en doce cuotas cubrirán la remota choza muerta de hambre donde cobijaste tu niñez. Tu cuarto celular que vale cuatro veces más impresionará lo que no alcanzó a embaucar tu cuerpo perfecto. El alcohol disminuirá los defectos y serán Eva y Adán mientras dure la danza de apareamiento en esa caja de cristal. 


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