¿Se asombran? Se asombran esos que nunca en su vida robaron… el que esté libre de pecado arroje la primera piedra. “Pero no un plasma” me dirán, como justificando la importancia del tamaño. No es daño señores, ni cosquilla le hace a los patrones. (Y perdona nuevamente que utilice una palabra añeja y resentida como patrón) pero no me queda otra opción para definir el perfil de ese que sin estar ahí se lamenta de esta situación. “Los saqueos son injustificables” dirán nuevamente, como si el hambre fuera cosa de la mente y no del estómago. Para esos que nunca en su vida podrán tener un televisor de esas características, si no es pagando durante cuatro años una cuota de un tercio de su sueldo, para esos que solo siendo traficantes podrán adquirir al contado una joya de tal brillo y tamaño. A esos… debes a lo menos entenderlos. Ni tú ni yo tenemos la voz para decir cómo actuaríamos, porque tuvimos la suerte de ser producto de la desigualdad en la distribución: Tenemos computador, llegamos a la universidad, cocinamos con gas, y algo nos sobra para educación. Pues bien, por esa misma educación que hoy puedes recibir debieras entender que la única razón para que seas tú el que esté aquí y no allá es por mero azar. Y si es primera o quinta necesidad me da exactamente igual, por que son el resultado de lo que hemos sembrado, una sociedad podrida del alma cuyo único horizonte es tener ese plasma que sueñan en sus noches vacías de futuro. Cuando escasean los fideos y el dinero la muerte llegar sin avisar, así que si puedo a parte del pan sacar algo más (y ser como ellos un par de noches), no les quepa la menor duda que lo haré. Así el sueño de ser como usted y acusarme de envidia podrá justificarse con justa razón. No te asombres de mi codicia, si la única diferencia entre tu y yo es que a mi me pillaron.
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