No seamos pelotudos!

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Entre tanto pelotazo viene bien ponerle el sabor amargo al té que no se volverá más dulce. Aunque las vuvuzelas te dejen sordo y tus ojos se vuelvan rojos de la verdadera droga (el fútbol), espero sobre un poco de pasión para alzar banderas de revolución cuando pase el efecto alucinógeno del mundial. Por último un poco de razón para contraatacar mi texto totalmente fuera de contexto. Con diez y seis millones de enfervorizados hinchas que hinchan el marrano del más pudiente, y una vieja sin dientes contenta de tener a su lado al presidente… “hoy todos somos chilenos” dirán los ministros chauvinistas exaltando el amor a la patria. Ese amor de hombre que se acaba con la eyaculación. Esa cara pintada tricolor que oculta el llanto y la frustración de un pueblo que anda embobado como en plena edad del pavo. Esto es Chile hijos y nietos. Pues pretendo que esta letra dure tanto como las letras de tu pantalla de cristal líquido. Si gana Chile, la cordillera se volverá una blanca sonrisa. Si Chile pierde, será una paliza que nos aterrizará forzosamente. Muchos harán vigilia como en el noventaitrés cuando Neira prometía llenarse de joyas “a la buena” y Frank Lobos no tenía idea de maletines ni billeteras. Y ¿qué se decía en aquél entonces? “cuando lleguen a la adulta seremos campeones del mundo” Pamplinas!! Ni Chile salió campeón ni ellos se hicieron adultos. Hoy frecuentan clubes nocturnos como tu y como yo. Mañana es el día y si Chile gana, apróntate para que tus hijos sueñen tener el look Alexis Sánchez y la verborrea de Matías Fernández. Nuestros gladiadores, nuestros titanes. Que gane Chile pero que no se te pasen las copas y nos pasen los goles que más duelen, esos que nos vienen pasando hace más de veinte años.

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